Cuando hablamos de vejez, imaginamos por inercia a una persona que ha perdido gran parte de sus facultades físicas y/o mentales, una persona que ha perdido tal vez el encanto por la vida, el brillo en la mirada, la capacidad de soñar, de hacer, de pensar en el mañana, una persona que vive de recuerdos, que se quedó estancada en algún punto del ayer, y que piensa que “todo tiempo pasado fue mejor”.
Pero quien haya tenido la bendición de conocer a mi padre, sabe como yo, que la vejez no es de ninguna manera una limitación, que envejece quien deja de sentirse vivo,
quien deja de luchar y de aferrarse a una esperanza, quien deja de hacer la agenda del día siguiente, quien se deja vencer por la adversidad. Desde que aprendí a ver a mi padre a través de sus virtudes, aprendí a admirarlo y respetarlo por su gran sabiduría. Tuvo una niñez difícil, de escasos afectos y de limitados recursos económicos, pero su gran espíritu emprendedor le permitió convertir la adversidad en oportunidades. Con gran habilidad para las relaciones sociales y los negocios, con esa chispa que los amigos buscan para alegrarse la vida, logró abrirse camino y progresar. Se casó, tuvo 3 hijas, progresó, y siempre ha vivido motivado por aquella que es la más grande fuerza del universo: la fe. Enviudó hace 17 años, y al poco tiempo nos dio una gran sorpresa: Iba a ser padre una vez más. Nació entonces mi hermano, hoy de 15 años, que se convertiría rápidamente en el motor que lo ha impulsado a luchar con gran intensidad por la vida.
La vida de mi padre no ha estado libre de excesos, y éstos se han ido materializando con los años en enfermedades y a veces también en dolor. Los últimos 12 meses han sido especialmente difíciles por las complicaciones de salud que ha tenido, y que nos llevaron a tomar conciencia de que a pesar de su espíritu joven y fuerte, su materia empezaba a dar señales de cansancio. Pero en este tiempo, hemos aprendido a su lado, que no hay nada más sanador que el amor, ni nada más sólido que la fe y la esperanza, que un corazón agradecido es capaz de olvidar los obstáculos y ver sólo las posibilidades. A sus 86 años, es diabético, hipertenso, con insuficiencia renal e insuficiencia arterial y venosa, enfermedades que en su conjunto han deteriorado su estado de salud, pero nunca la fortaleza de su espíritu. En noviembre del 2011, luego de varios meses de lucha para cerrarle una herida profunda en el pie izquierdo, que le generaba dolores muy intensos, y que prácticamente lo postró en una silla de ruedas, recibió la gracia de ser bautizado en la Comunidad de los Esenios, y para sorpresa de todos, empezó a caminar, cambió la silla por un bastón, y empezó a poner orden en su vida, aprovechando al máximo esta oportunidad que sólo podemos calificar de milagro.
Luego de la calma de noviembre y diciembre, empezó el 2012 con la salud nuevamente complicada, por lo que tuvimos que internarlo el 01 de enero, con diagnóstico de Celulitis.
Pero diecinueve días después, quienes habían sido testigos de lo que vivió en esos días, no podían creer lo que veían: mi padre fue dado de alta, habiendo superado 12 días de alteraciones de conducta, alucinaciones, y agresividad generadas por una infección no controlada y un manejo médico negligente, que derivó en una neumonía diagnosticada el día Nº 13 de su internamiento. Debo confesar que pensé que el momento de despedirnos había llegado, y a pesar de la pena, sentía paz de saber que lo entregaría en manos de Dios ¿y qué mejores manos que las del Creador para recibir a mi padre tan amado?. Pero Dios lo ha bendecido una vez más con una nueva oportunidad, que por cierto, mi padre piensa aprovechar al máximo: está planificando su matrimonio con la mamá de mi hermano.
Gracias papá por las grandes lecciones que nos estás dando, y que serán sin duda, nuestra mejor herencia. Gracias por tu entusiasmo,
por tu alegría, por tu fortaleza de espíritu, porque no te rindes, porque nos permites sostenerte y sostenernos en tu ejemplo. Gracias porque estás realmente vivo, porque eres un enamorado de la vida, porque a tus 86 años aún eres capaz de soñar, de jugar, de reir, de amar, de arriesgar. Gracias por tu confianza, por tu disposición a recibir todo cuanto podemos darte. Gracias por ser quien eres, por tu esencia maravillosa. Por ser nuestro padre, nuestro amigo, nuestro hermano. Gracias.
Amor, Paz y Unión.

















interiorizado tanto que ya no prestamos atención a sus orígenes, vamos creando nuevas sobre las primeras día a día, perdiendo su enfoque convirtiéndolas en prácticas normales dentro de la sociedad pero con un sin sabor que ya no identificamos. Todas estas situaciones las utilizamos como cimientos para edificar nuestra vida y nuestra familia convirtiendo la relación con todo lo que nos rodea en simplemente un espejismo llamado ilusión.


























