Naci en la ciudad de Lima, de ancestros huancaínos y cajamarquinos, desde el primer año de nacida empecé a viajar en compañía de mi abuela, respetable agricultora huanca. La veía machete en mano dirigiendo la poda de los árboles o a los peones para la siembra de los alimentos que la Madre Naturaleza nos ofrecía. De ella puedo decir que herede una de mis grandes pasiones: VIAJAR.
Recuerdo a mis padres siempre ocupados; a mis hermanos, cuya distancia generacional era de 20 y 10 años, muy independientes pero fue mi hermano mayor, hoy ya no presente físicamente, un hermano muy amoroso al que yo solía llamar “Papá”.
Aunque me veo de niña a mi misma habitualmente sola y en silencio, no recuerdo que aquello fuera triste ya que puedo decir que me gustaba estar sola. Era una niña “tranquila” y “aplicada” en la escuela, y me convertí en tía a los 6 años. Siempre recordaré la primera vez que mi primer sobrino me dijo “tía chiquita”. Gracias a él hoy soy “tía abuela” de mi querido Emerson.
En mi familia cada uno hacia su vida, mis padres tenían un restaurante y muy pocas veces almorzábamos todos juntos, mis hermanos, ya mayores, estaban en la universidad, estudios, grupos de amigos o ya trabajando. Así fui creciendo hasta llegar a la universidad. Era la “preocupada” de la familia, la viajera, la que se inclinaba por la productos ecológicos, la “enfermera”, etc., pero todo eso hacía que me involucrara más de la cuenta en las experiencias de los otros y eso producía en mi una mezcolanza de roles, que como consecuencia, me hacían más difícil el “permitirme discernir bien” cuál era el mío.
Así fue que se empezó a manifestarse más fuerte mis inquietudes espirituales. Empecé por la lectura de algunos autores que me ayudaron a expandir mi conciencia y recuerdo que siempre me decía a mi misma: si quiero ayudar a otros tengo que fortalecerme yo primero.
En el camino empecé a visitar algunos grupos “espirituales” pero pasaba un tiempo y ya no me “sentía” parte de ese grupo, a pesar que trataban siempre de mantenerme allí. Pero ya mi intuición estaba aflorando y sentía que aquellos grupos no llegaban a manifestar en sí mismos esas virtudes que enseñaban a los demás.
Paralelamente como familia seguíamos cada uno enfrascados en sus vida y yo por trabajo muchas veces viajando.
Nunca olvidare el día que un amigo, filósofo y astrólogo védico, me comentó acerca del maestro de la Comunidad de los Esenios. Era enero del 2008 cuando ocurrió ese primer encuentro que hoy sé con convicción que es realmente un “reencuentro” que data de vidas pasadas en las que estuvimos juntos los Esenios.
Tal vez algunos parecerá extraño pero ese día mientras el Maestro me hablaba sentía que acontecimientos de mi vida actual tenían una explicación clara y empezaba hacer una lectura nítida de los sucesos que me rodeaban. Desde entonces empecé a frecuentarlos y a recibir los conocimientos Esenios, a la vez que iba conociendo a los hermanos que iban llegando a la Comunidad, cada uno de ellos con características muy especiales.
Desde ese primer reencuentro, ya hace casi 4 años, hay grandes cambios en mi vida motivo por cual me permito compartir este espacio con ustedes. Es entonces, que inicio el proceso de sanación Esenio en mi misma, y poco a poco fui involucrando a mi familia. Es cierto, que aún algunos de ellos no comprenden algunas cosas, pero aún así, las respetan y las apoyan.
También, conocí a mi “alma gemela”, que hoy forma parte de la Comunidad y con quien seguimos creciendo y fortaleciéndonos en el Amor, la Paz y la Unión.
También hoy se encuentra con nosotros nuestra “primogénita espiritual”, quien vino a nuestro encuentro para conformar una familia.
Ella desde días de concebida (y puedo decir que desde antes de serlo) ha recibido la sanación de mi maestro y hermanos de la Comunidad, pues su concepción en sí fue una bendición divina ya que me habían detectado un mioma uterino que complicaba la concepción y en sí el desarrollo del embarazo. Es así que durante los 8 meses, mes a mes fue monitoreada en la Comunidad utilizando los sistemas de sanación heredada de los primeros maestros Esenios hasta los de estos tiempos.
Como les comenté, de chica vivía sin tener claro cuál era el rol en mi vida.
Cuando fui creciendo entendí que debía fortalecerme a mi misma para ayudar a los demas.
Hoy doy fé que hoy me siento en “libertad” y con la fortaleza para afrontar la misión que tengo en esta vida. Es decir, rol que me toca cumplir.
Por esto y más:
¡Gracias! Amado Creador: por despertar cada día en esta nueva oportunidad de vida y confiar en mí a pesar de mis imperfecciones.
¡Gracias! Amado Maestro: por escucharme y entenderme sin juzgarme ni condenarme, por guiarme en este camino de luz , por hacerme entender que somos instrumentos divinos para ayudar a diferentes personas y permitirnos ser ayudados cuando lo necesitamos.
¡Gracias! Amada Esencia: por permitirme crecer sobre mis virtudes, y no sobre mis defectos.
¡Gracias! “Alma gemela”: por llegar a mi vida o retornar a ella, por eseñarme en el día a día que el cambio es posible, y por alinearnos en la misión que como familia nos ha sido asignada.
Gracias, padres y hermanos: sin la experiencia vivida juntos no hubiera llegado a donde estoy.
¡Gracias! Comunidad, hermanos de luz de muchas vidas : a cada uno de ustedes por compartir sus características tan especiales conmigo cada día.
¡Gracias! A ti hija, mi bendición divina, que me espera que llegue de laborar con un gran beso gritando ¡mamiiiiiiii! y la lista sigue…
Nunca debemos dejar de agradecer y reconocer todas las cosas buenas que nos ocurren e ir reconociéndonos más a nosotros mismos, a la naturaleza, al prójimo. Mientras no nos reconozcamos nuestra materia y espíritu chocan, no sólo con nosotros sino con nuestro entorno, con nuestros seres de luz, que son los que nos guían y protegen en todo momento.
Todos ocupamos una posición importante en este universo, un rol en este mundo, por lo tanto no debemos batallar por tomar la posición de otros, reconozcamos los diferentes roles que interpretamos y no lo mezclemos ni aislemos, eso hará que nuestra vida empiece a ordenarse y por ende nuestra posición ante la existencia.
Con Amor, Paz, Unión
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