Comunidad de los Esenios

Los invitamos a ver la tercera edición del programa “SALIDA” de esenios TV.

En este nuevo programa titulado “La Familia, El Orden y el Caos” podremos entender el real significado de la Familia, comprendiendo el verdadero origen del caos en los conflictos familiares, que va más allá de esta existencia y nos conecta con vidas pasadas. Descubramos la realidad tras las “Almas gemelas”  y como éstas intervienen en el orden familiar y social.

El programa Salida desde su primera edición es una guía que permite la entrada al Conocimiento Esenio desde el comienzo de la historia de la humanidad, que es el legado heredado desde la época de Set hijo de Adán hasta nuestros días por el Maestro Esenio Ardaim.
El programa Salida permite a las personas encontrar una salida a diversos cuestionamientos de la vida cotidiana, sin ningún tipo de dogmas religiosos, políticos o filosóficos, siempre manteniendo el punto de vista objetivo para el espectador.

Para mayor información pueden visitar tambien la web de la Comunidad de los Esenios www.esenios.com , seguirnos a través de  facebook www.facebook.com/eseniosperuanos o por www.eseniostv.com

Cuando hablamos de vejez, imaginamos por inercia a una persona que ha perdido gran parte de sus facultades físicas y/o mentales, una persona que ha perdido tal vez el encanto por la vida, el brillo en la mirada, la capacidad de soñar, de hacer, de pensar en el mañana, una persona que vive de recuerdos, que se quedó estancada en algún punto del ayer, y que piensa que “todo tiempo pasado fue mejor”.

Pero quien haya tenido la bendición de conocer a mi padre, sabe como yo, que la vejez no es de ninguna manera una limitación, que envejece quien deja de sentirse vivo, quien deja de luchar y de aferrarse a una esperanza, quien deja de hacer la agenda del día siguiente, quien se deja vencer por la adversidad. Desde que aprendí a ver a mi padre a través de sus virtudes, aprendí a admirarlo y respetarlo por su gran sabiduría. Tuvo una niñez difícil, de escasos afectos y de limitados recursos económicos, pero su gran espíritu emprendedor le permitió convertir la adversidad en oportunidades. Con gran habilidad para las relaciones sociales y los negocios, con esa chispa que los amigos buscan para alegrarse la vida, logró abrirse camino y progresar. Se casó, tuvo 3 hijas, progresó, y siempre ha vivido motivado por aquella que es la más grande fuerza del universo: la fe. Enviudó hace 17 años, y al poco tiempo nos dio una gran sorpresa: Iba a ser padre una vez más. Nació entonces mi hermano, hoy de 15 años, que se convertiría rápidamente en el motor que lo ha impulsado a luchar con gran intensidad por la vida.

La vida de mi padre no ha estado libre de excesos, y éstos se han ido materializando con los años en enfermedades y a veces también en dolor. Los últimos 12 meses han sido especialmente difíciles por las complicaciones de salud que ha tenido, y que nos llevaron a tomar conciencia de que a pesar de su espíritu joven y fuerte, su materia empezaba a dar señales de cansancio. Pero en este tiempo, hemos aprendido a su lado, que no hay nada más sanador que el amor, ni nada más sólido que la fe y la esperanza, que un corazón agradecido es capaz de olvidar los obstáculos y ver sólo las posibilidades. A sus 86 años, es diabético, hipertenso, con insuficiencia renal e insuficiencia arterial y venosa, enfermedades que en su conjunto han deteriorado su estado de salud, pero nunca la fortaleza de su espíritu. En noviembre del 2011, luego de varios meses de lucha para cerrarle una herida profunda en el pie izquierdo, que le generaba dolores muy intensos, y que prácticamente lo postró en una silla de ruedas, recibió la gracia de ser bautizado en la Comunidad de los Esenios, y para sorpresa de todos, empezó a caminar, cambió la silla por un bastón, y empezó a poner orden en su vida, aprovechando al máximo esta oportunidad que sólo podemos calificar de milagro.

Luego de la calma de noviembre y diciembre, empezó el 2012 con la salud nuevamente complicada, por lo que tuvimos que internarlo el 01 de enero, con diagnóstico de Celulitis. Pero diecinueve días después, quienes habían sido testigos de lo que vivió en esos días, no podían creer lo que veían: mi padre fue dado de alta, habiendo superado 12 días de alteraciones de conducta, alucinaciones, y agresividad generadas por una infección no controlada y un manejo médico negligente, que derivó en una neumonía diagnosticada el día Nº 13 de su internamiento. Debo confesar que pensé que el momento de despedirnos había llegado, y a pesar de la pena, sentía paz de saber que lo entregaría en manos de Dios ¿y qué mejores manos que las del Creador para recibir a mi padre tan amado?. Pero Dios lo ha bendecido una vez más con una nueva oportunidad, que por cierto, mi padre piensa aprovechar al máximo: está planificando su matrimonio con la mamá de mi hermano.

Gracias papá por las grandes lecciones que nos estás dando, y que serán sin duda, nuestra mejor herencia. Gracias por tu entusiasmo, por tu alegría, por tu fortaleza de espíritu, porque no te rindes, porque nos permites sostenerte y sostenernos en tu ejemplo. Gracias porque estás realmente vivo, porque eres un enamorado de la vida, porque a tus 86 años aún eres capaz de soñar, de jugar, de reir, de amar, de arriesgar. Gracias por tu confianza, por tu disposición a recibir todo cuanto podemos darte. Gracias por ser quien eres, por tu esencia maravillosa. Por ser nuestro padre, nuestro amigo, nuestro hermano. Gracias.

Amor, Paz y Unión.

SOBRE EL AMOR…

Hoy por la mañana pensaba…

¿De qué se trata esta historia de San Valentín… De qué amor habla, del amor romántico, de la ilusión, del amor incondicional, de la amistad como visión o sentimiento de amor, vemos al amor como un concepto del diccionario…? ¿Es parte de los estereotipos…? Se habrá codificado en su sentido verdadero en el corazón de la humanidad…?

Estos acontecimientos o celebraciones mundiales masivas no quedan nada claras.

Tenemos por un instante la sensación de vernos como el amor mismo; pero… ¿Sin mirar afuera? ¿Sentimos realmente que nosotros “solo” nos merecemos un día al año por la fuerza transformadora del amor que llevamos dentro y aun así estamos muy lejos de ello? ¿Nos reconocemos de verdad…?  ¿Sabemos que venimos del amor?

Mientras pensaba en todas estas preguntas, no dejaba de escuchar el revoloteo de 2 palomas en la ventana de mi dormitorio, era tanta la bulla y el movimiento que me asome a ver que pasaba. Ellos en su estado natural, de inocencia pura, se aproximaban, revoloteando y se reflejaban mutuamente los mismos movimientos, sin confundirse , respetando su espacio, cada uno tenía su rol como complemento, acercaban sus picos de una forma muy armoniosa y lo hacían lentamente, esperando el momento de cada uno. Era ver una danza de amor…

Fue realmente un regalo muy hermoso que recibí aquella mañana.  De pronto sentí…

…Será que la Voz del Viento ha Susurrado Suavemente en ellos… ¿El Amor?, me pregunté.

¿Y sus movimientos son tan solo reflejo de amor?. Pues la danza es sentir la vibración dentro de cada uno, vibración o melodía, que aunque no haya música aparente, la llevamos en ese silencio absoluto del corazón. Y la vives cuando logras conectarte con tu sensibilidad, con tu creación, con lo que “ERES”.

Muchas veces el miedo de abrir el corazón es tan solo paso previo del valor de la osadía de tener que escoger un camino, sabiendo que antes de entrar en el camino tendrás que soltar con fortaleza y sabiduría muchas cosas, entre ellas al ego que cree que lo gobierna todo y te esclaviza de una forma que si tendrías un espejo al frente para verlo… correrías al camino sin dudar por un instante. El ego te dice: “¡Sigue pensando con miedo, tu eres poderoso porque todo lo controlas… Nadie te gana, eres el único dueño de tus inseguridades, no escuches, solo mírame y dedícame toda tu atención. Hago débil a muchos y los lleno de juicios y… Los dejo solos, apartados del camino, pues mi alimento de tu debilidad!”

Cruzar la línea para curar las heridas del alma. y llegar al amor, es el camino. Solo hay que tener el valor de enfrentarlas, no basta con tener la intención. Es la actitud la que te llevará a la felicidad y sentirás que todos los días de tu vida estarás celebrando el día del amor.

Hemos venido al mundo a ser felices, solo felices. Porque simplemente todos somos Amor.

Cuántos de nosotros hemos sentido en más de una ocasión haber estado en un lugar o haber vivido un momento como si ya hubiera ocurrido, como un “Déjà vu”. Seguro que no somos pocos.

Quizás sea porque nuestra existencia no es de ahora, tiene ya muchos años.   Y aunque esto parezca complicado, entenderlo nos simplifica la vida.

¿Qué somos sino el producto de lo que traemos? Qué fuimos sino el producto de lo que somos?

Cuántos de nosotros quisiéramos retroceder en el tiempo para sacarle un beso más a nuestro padre, sacarle una lágrima de felicidad a nuestra madre, completar aquello que no pudimos concluir, evitar aquello que no debió ocurrir. Si alguien nos dijera hoy que podríamos voltear nuestra mirada y no desanimarnos por nuestro pasado porque hoy le daremos alivio, nos  parecería una ficción.

Quizás hoy no solamente nos veamos reflejados en la sonrisa de un niño, sino que la encontremos muy familiar. Ese carisma podría no ser algo casual. Y porque la casualidad no existe, podríamos intentar reconocer a esa persona que en forma amigable y desinteresada nos ofrece su mano y nos introduce en vivencias llenas de virtud y de amor. La vida nos ofrece siempre una oportunidad más para encontrarnos con ese niño, con esa mujer, con esa persona a quien no le agradecimos, no le pedimos perdón, no le perdonamos lo suficiente.

Quizás aquel que está a nuestro lado y no lo reconocemos, sea como ese “hilo” que faltaba en ese manto que venimos tejiendo hace mucho tiempo, ese hilo tan especial…

Solemos escuchar frases como “el mundo es un pañuelo” y tiene mucho sentido.

Reconocer que no sólo somos materia,  nos introduce en un estado lleno de conocimiento. Aceptar que además somos seres espirituales nos permite entender. Entender que las cosas pasan por algo, entender que ayer estuvimos juntos y que hoy nos reencontramos, entender que nuestra proyección llega a todos los confines de la Tierra, entender que entramos a una dimensión sin límites, entender que una buena acción que hagamos hoy,  mañana la veremos multiplicada por 100, por 1,000 o por mucho más, entender la Obra de Dios.

Y para entender la Obra de Dios, sólo tenemos que contraernos y mirarnos a nosotros mismos. Mirar, oler, palpar, vibrar, sentir a través de nuestra propia esencia, de la conexión que tenemos con nuestro Creador.

Es que al soltarnos y liberarnos, nos dejamos llevar por esa voz interna que no es más que esa línea de comunicación que Dios mantiene con nosotros para hablarnos, aconsejarnos, mimarnos, cuidarnos, para que nada malo nos pase. Sin embargo nosotros nos empeñamos en entorpecer ese hilo, en hacer oídos sordos a su mensaje, a acomodarnos a lo establecido, a no cuestionar nada, a no despertar nuestros sentidos, a no entrar en nuevos estados, a no evolucionar.

Quizás hoy tengamos que responder por las ofensas de ayer. Quizás las ofensas de hoy las llevaremos al mañana. Bueno, de cualquier forma, si estamos atentos y somos observadores, podremos dar lectura a esas respuestas. Todo tiene una correlación. Una cosa trae la otra y hoy nosotros tenemos la bendición de corregir y subsanar.

No podemos permitir que estos hechos ocurridos ayer interfieran nuestra felicidad de mañana, no podemos llevar tanta carga, no podemos hipotecar nuestro futuro.

No nos olvidemos que un error que traemos del pasado no sólo lo llevaremos en nuestra conciencia. Podría pesar mucho, pero sobre todo podría replicar en nuestra materia. Y el día de mañana no podremos respondernos a tantas interrogantes sobre sufrimientos, enfermedades o estigmas; que pretenderemos llamarlas erróneamente “karma”o justificarlas dándole cualquier nombre y explicación, por no encontrarle su verdadero origen.

Si pudiéramos liberar nuestra mochila de tanta carga inútil, podríamos no sólo revertir todo ese sufrimiento, sino que nos quitaríamos peso, podríamos ser libres, podríamos volar, podríamos ser uno con la naturaleza, pero por sobre todo, podríamos “SER”.

Hace unos días conversaba con unas amigas de la universidad acerca de lo poco o mucho que una persona puede comer. Mientras una decía 100 gramos de arroz es suficiente, la otra decía que no porque esa cantidad no podía satisfacer a nadie y puede llegar a afectar la salud. La primera se defendió y dijo que para ella comer así era “normal”. Entonces entré en reflexión y le pregunté a ambas, “¿chicas, que es normal?”.

Si vamos un poco más a fondo, continuamente escuchamos hablar acerca de la relatividad de las cosas. Un científico contemporáneo dijo una vez que “Cuando un hombre se sienta con una chica bonita durante una hora, parece que fuese un minuto. Pero déjalo que se siente en una estufa caliente durante un minuto y le parecerá más de una hora. Eso es relatividad”.

Es claro, las cosas no son estáticas. Continuamente se están moviendo, cambiando, evolucionando cada vez más. Un ciego no percibirá el mundo igual a un sordo, el mundo para ellos es aparentemente distinto.

Pero… ¿qué pasa si absolutizamos también la relatividad y decimos que definitivamente todo es relativo? entonces caemos nuevamente en absolutismo y concluiríamos diciendo que hay tantos dioses y leyes universales como personas hay en el mundo.

Precisamente para evitar llegar a este relativismo absoluto, debemos entender y reconocer que todos tenemos un mismo origen que es Dios, un único creador de todas las cosas y el que permite  precisamente que todo tenga movimiento y cambie constantemente y entender también que existen pilares universales que nacen de Él mismo. Estos pilares son universales porque viéndolos desde cualquier punto de vista, bajo cualquier circunstancia son los mismos, no porque a alguien se le ocurrió, sino porque forman parte de nuestra esencia, de nuestro origen, de nosotros mismos; y están tan arraigados en nuestro ser que cuando actuamos de forma contraria toda nuestra vida se desordena, empezando por nuestros pensamientos, nuestro cuerpo, nuestra mentalidad, nuestro entorno, familia, amigos y ese desorden hace que seamos partícipes directos de toda la negatividad que envuelve nuestro planeta.

Por citar algunos de los pilares, hablemos del amor, la paz, respeto. Si “relativizamos” el amor y la paz, entonces caemos en guerras aparentemente justificadas que defienden el supuesto “amor” al país o al territorio;  pero…  ¿cómo puede ser que esa visión de amor y paz se contraponga totalmente a los conceptos iniciales y tenga como resultado lo antagónico? Y es que una guerra siempre genera dolor, pena, angustia, impotencia, miedo, separación, odio. Si nos preguntamos, si una guerra iniciada para defender un territorio puede ser lo suficientemente justificada como para generar toda esa clase de sentimientos juntos en las personas involucradas directa o indirectamente… Definitivamente no. Yo creo que no hay nada que justifique matar a una persona que podría ser nuestro hermano, hijo, padre o madre, o dejar huérfanos a los hijos de los combatientes o vivir cada minuto de la vida con traumas o trastornos post guerra.

De igual manera, si “relativizamos” el respeto, estaríamos justificando el trato que se le da a la mujer en Arabia Saudí, donde todas ellas no son consideradas más que objetos, porque supuestamente bajo esa óptica los únicos que tienen derecho a ser considerados personas son los hombres. Podríamos llegar incluso al extremo de justificar a una mujer que mira al espejo todos los días al espejo y se vea gorda cuando en realidad pesa 30 kilos.

Lo que hace interesante la vida, es que todos tenemos diferentes características, somos parte necesaria de una gran orquesta universal. Entonces, relatividad sí hay, pero entendida a partir del reconocimiento de Dios, de los pilares fundamentales que Él nos heredó y de lo que realmente significa progreso.  Cuando lleguemos a  tomar conciencia y practicar esto podremos tener millones de puntos de vista distintos, veremos el mundo de todos los diferentes colores del universo, y jamás sentiremos o pasará por nuestra cabeza el odio, discordia, desequilibrio, debilidad, desconsideración, incomprensión, desconocimiento, miedo, soberbia, irresponsabilidad, estancamiento, imposición, desunión, desequilibrio, intolerancia, impaciencia, menosprecio y todos esos sentimientos negativos que incluso la sociedad en la que vivimos avala y alimenta tácitamente.

Para cerrar la reflexión, podemos decirle a mi amiga que comer  esa cantidad ES NORMAL; siempre y cuando lo haga porque realmente siente que la alimenta y no por querer llenar alguna carencia parásita que la llevará a un desequilibrio en su vida.

UN MUNDO DE ILUSIONES…

Días atrás mi pequeña hija me dijo que ya no era más una princesa, porque todas las princesas de Disney tienen el cabello laceo y ella lo tiene ondulado, muy seria me explicó que para ser una princesa debía de tener el cabello laceo como ellas. A simple vista puede ser una apreciación graciosa y ocurrente; sobre todo considerando que vino de un ser de tan solo 3 años. Sin embargo esto me hizo reflexionar en como las personas estamos expuestas desde pequeñas a una programación en base a estereotipos sociales nada dignos, que generan justamente esta competencia para pretender alcanzar la tan anhelada felicidad.

Si hacemos una retrospectiva a nuestra vida, encontraremos que está plagada de estos ejemplos. Estas carencias y frustraciones las hemos interiorizado tanto que ya no prestamos atención a sus orígenes, vamos creando nuevas sobre las primeras día a día, perdiendo su enfoque convirtiéndolas en prácticas normales dentro de la sociedad pero con un sin sabor que ya no identificamos. Todas estas situaciones las utilizamos como cimientos para edificar nuestra vida y nuestra familia convirtiendo la relación con todo lo que nos rodea en simplemente un espejismo llamado ilusión.

Desde que nacemos; cuando llegamos a esta nueva oportunidad de vida, la sociedad nos programa para competir por la supervivencia. Somos programados colectivamente para ser los cazadores de los que no lo pueden ser y se quedaron en el camino de serlo. Somos programados para mantener nuestra propia supremacía, siguiendo las reglas dogmáticas del juego social de la tradición, la religión, la moda y el consumismo que nos asegurarán; inciertamente, la más “alta” posición en la cadena de evolución social, imponiéndonos para esto ser  los primeros alumnos, trabajadores, hijos, etc, etc y etc.

Debo decirles francamente; que destacar siendo el primero no significa ser el mejor. Somos mejores cuando dejamos de ser el número uno para integrarnos a un Todo ocupando la posición que realmente nos corresponde dentro de ese Todo. Es como el cuerpo humano; la máxima creación de Dios, hecha a su imagen y semejanza. En este Todo, cada parte, cada órgano, cada célula vive en común unidad una con otra, cada una cumple una función específica no menos importante una de otra, por más pequeña o grande que sea. Ninguna destaca sobre otra; sino que todas destacan de conjunto y conviven en armonía. No hay competencia y todas viven en comunidad. En este punto es donde este cuerpo se fortalece y no se manifiestan carencias o enfermedades porque no existen condiciones para que estás entren. Todo está en orden.

Como personas también ocurre lo mismo, este orden se manifiesta  cuando dejamos de alimentarnos con ese “fast food” de paradigmas, críticas y dogmas sociales; debemos hacer una pausa, ubicarnos en tiempo y espacio,  reconocer estas carencias, creciendo en virtud para no transmitir lo  malo a las demás personas. Debemos aprenden a vivir en esta sociedad de consumo sin dejar que nos consuma; esto nos permitirá transformarla en una sociedad integra para vivir en comunión. Cuando vivamos todos con este espíritu de comunidad dejaremos de vivir en la ilusión de la vida para dar simplemente paso a la realidad de la vida en libertad.

Amor, Paz, Unión.

MUY CERCA DE LA MUERTE…

Muchos de nosotros hemos oído hablar, o haber vivido experiencias muy cercanas a la muerte, o simplemente un día nos levantamos de nuestra cama, salimos a la calle y compramos el primer diario que más nos guste en la esquina más próxima, y al darle una leída muy general nos topamos con esta clase de historias que para muchos son insólitas o simplemente muy difíciles de creer.

kiosko

Estos son algunos relatos con los cuales alguna vez en mi vida me topé, parecen relatos de ciencia ficción pero que guardan un mensaje que muy pocas personas aprenden a leer.

Incluso la misma persona que sobrevive a esta tragedia lo recuerda como algo muy anecdótico o le da la enseñanza que quiera darle, mas no la verdadera.

Hace algún tiempo vi en uno de esos periódicos sensacionalistas la historia de una mujer que fue la única sobreviviente a un accidente aéreo, prácticamente salió ilesa con algunos rasguños leves, nada de qué preocuparse  comparado a la magnitud del accidente, esa nota con ese titular un poco rimbombante  me llamó mucho la atención; decía algo así… “afortunada mujer que desafía y se salva de la muerte”.

En esa nota entrevistaban a la mujer (una exitosa ejecutiva en el mundo de los negocios) y ella contaba que el accidente había marcado su vida, y que de ahora en adelante ya nada sería lo mismo, agradecía a Dios por la oportunidad que le había concedido, y que verdaderamente era un milagro que ella estuviera con vida… que la vida continua y que retomaría su vida normalmente…

Una persona muy afortunada pensé en medio de tanta desgracia, resulta que meses más tarde veo otra nota referente a esta  misma mujer en la cual decía “mujer que sobrevive a accidente aéreo, muere en fatal choque automovilístico”

Una verdadera desgracia, la muerte está que la persigue…” Fue un comentario que escuché por ahí referente a esta noticia. Muchos de nosotros en diferentes momentos de nuestras vidas hemos pasado por situaciones similares, donde por un segundo nos salvamos de morir y por poco ya no la contamos…

Algunos piensan que experiencias como ésta es por voluntad divina, que era su momento, que Dios la quería junto a ella, etc.

Lamentablemente todos estos comentarios son totalmente falsos, son justificaciones que la mayoría de personas hacen para algo que no logran entender por completo.

De hecho no puede ser voluntad de Dios que una persona muera de una manera trágica, Dios es nuestro padre y Él nunca permitiría que pereciéramos de esta forma, tampoco es azar ya que todo lo que nos sucede es producto de nuestras propias acciones y la de nuestro entorno.

Sobrevivir a un accidente aéreo no es algo anecdótico… de hecho es una nueva oportunidad que nos da el Padre para enmendar algunas cosas que de alguna manera no han estado funcionando bien en nuestras vidas, y si nuevamente nos topamos con una experiencia similar es porque esos errores aun siguen latentes y todavía no han sido corregidos (Aunque pensemos que todo está perfecto)… Estos factores que generan estas desavenencias y que desembocan en un cargo de conciencia o en una preocupación, son síntomas que  nos indicarán que algo hay que corregir… y si no lo hacemos se van acumulando y terminan en finales trágicos como la historia de esta mujer.

familia

No tenemos que esperar que nos ocurran estas cosas para entrar en reflexión y en conciencia, porque tenemos esta oportunidad  que nos brinda el Padre cada instante de nuestras vidas, cada día…en el que podemos acercarnos a nuestro prójimo, tomarlo de la mano y avanzar junto a él por el sendero del amor.

Somos, 16 de Abril 2011


Segunda página:

Tercera página:

 

Naci en la ciudad de Lima, de ancestros huancaínos y cajamarquinos, desde el primer año de nacida  empecé a viajar en compañía de mi abuela, respetable agricultora huanca. La veía  machete en mano dirigiendo la poda de los árboles o a los peones para la siembra  de los alimentos que la Madre Naturaleza nos ofrecía. De ella  puedo decir que herede una de mis grandes pasiones: VIAJAR.

Recuerdo a mis padres siempre ocupados; a mis hermanos, cuya distancia generacional era de 20 y 10 años, muy independientes  pero fue mi hermano mayor, hoy ya no presente físicamente, un hermano muy amoroso al que yo solía llamar “Papá”.

Aunque me veo de niña  a mi misma habitualmente sola y en silencio, no  recuerdo que aquello fuera triste ya que puedo decir que me gustaba estar sola. Era una niña “tranquila” y “aplicada” en la escuela, y me convertí en tía a los 6 años. Siempre recordaré la primera vez que mi primer sobrino me dijo “tía chiquita”. Gracias a él hoy soy “tía abuela” de mi querido Emerson.

En mi familia cada uno hacia su vida, mis padres tenían un restaurante y muy pocas veces almorzábamos todos juntos, mis hermanos, ya mayores,  estaban en la universidad, estudios, grupos de amigos  o ya trabajando. Así fui creciendo hasta llegar a la universidad. Era la “preocupada” de la familia, la viajera, la que se inclinaba por la productos ecológicos, la “enfermera”, etc., pero todo eso hacía que me involucrara más de la cuenta en las experiencias de los otros y eso producía en mi una mezcolanza de roles, que como consecuencia, me hacían más difícil el “permitirme discernir bien” cuál era el mío.

Así fue que se empezó a manifestarse más fuerte mis inquietudes espirituales. Empecé por la lectura de algunos autores que me ayudaron  a expandir mi conciencia y recuerdo que siempre me decía a mi misma: si quiero ayudar a otros tengo que fortalecerme yo primero.

En  el camino empecé a visitar algunos grupos “espirituales” pero pasaba un tiempo y  ya no me “sentía” parte de ese grupo, a pesar que trataban siempre de mantenerme allí. Pero ya mi intuición estaba aflorando y sentía que aquellos grupos no llegaban a manifestar en sí mismos esas virtudes que enseñaban a los demás.

Paralelamente como familia seguíamos cada uno enfrascados en sus vida y yo por trabajo muchas veces viajando.

Nunca olvidare el día que un amigo, filósofo y astrólogo védico, me comentó acerca del maestro de la Comunidad de los Esenios.  Era enero del 2008 cuando ocurrió ese primer encuentro que hoy sé con convicción que es realmente un “reencuentro” que data de vidas pasadas en las que estuvimos juntos los Esenios.

Tal vez algunos parecerá extraño pero ese día mientras el Maestro me hablaba sentía que acontecimientos de mi vida actual tenían una explicación clara y empezaba hacer una lectura nítida de los sucesos que me  rodeaban. Desde entonces empecé a frecuentarlos y a recibir los conocimientos Esenios, a la vez que iba conociendo a los hermanos que iban llegando a la Comunidad, cada uno de ellos con características muy especiales.

 Desde ese primer reencuentro, ya hace casi 4 años, hay grandes cambios en mi vida motivo por cual me  permito compartir este espacio con ustedes. Es entonces, que inicio el proceso de sanación Esenio en mi misma, y poco a poco fui involucrando a mi familia. Es cierto, que aún algunos de ellos no comprenden algunas cosas,  pero aún así, las respetan y las apoyan.

También, conocí a mi “alma gemela”, que hoy forma parte  de la Comunidad y con quien seguimos creciendo y fortaleciéndonos en el Amor, la Paz y la Unión.

También hoy  se encuentra con nosotros nuestra “primogénita espiritual”, quien vino  a nuestro encuentro para conformar una familia.

Ella  desde días de concebida (y puedo decir que desde antes de serlo) ha recibido la sanación de mi maestro y hermanos de la Comunidad, pues su concepción en sí fue una bendición divina ya que me habían detectado un mioma  uterino que complicaba  la concepción y en sí el desarrollo del embarazo. Es así que durante los 8 meses,  mes a mes fue monitoreada en la Comunidad utilizando los sistemas de sanación heredada de los primeros maestros Esenios hasta los de estos tiempos.

Como les comenté, de chica vivía sin tener claro cuál era el rol en mi vida.

Cuando fui creciendo entendí que debía fortalecerme a mi misma para ayudar a los demas. 

Hoy doy fé que hoy me siento en “libertad” y con la fortaleza para afrontar la misión que tengo en esta vida. Es decir, rol que me toca cumplir.

Por esto y más:

¡Gracias! Amado Creador:  por despertar cada día en esta  nueva oportunidad de vida y confiar en mí a pesar de mis imperfecciones.

¡Gracias! Amado Maestro: por escucharme y entenderme sin juzgarme ni condenarme, por guiarme en este camino de luz , por hacerme entender que somos instrumentos divinos para ayudar a diferentes personas y permitirnos ser ayudados cuando lo necesitamos.

¡Gracias! Amada Esencia: por permitirme crecer sobre mis virtudes, y no sobre mis defectos.

¡Gracias! “Alma gemela”: por llegar a mi vida o retornar a ella, por eseñarme en el día a día que el cambio es posible, y por alinearnos en la misión que como familia nos ha sido asignada.

Gracias, padres y hermanos: sin la experiencia vivida juntos no hubiera llegado a donde estoy.

¡Gracias! Comunidad, hermanos de luz de muchas vidas : a cada uno de ustedes por compartir sus características tan especiales conmigo cada día.

¡Gracias! A ti hija, mi bendición divina, que me espera que llegue de laborar  con un gran  beso gritando ¡mamiiiiiiii! y la lista sigue…

Nunca debemos  dejar de  agradecer  y reconocer todas las cosas buenas  que nos ocurren e ir  reconociéndonos más a nosotros mismos, a la naturaleza, al prójimo. Mientras no nos reconozcamos  nuestra  materia y espíritu chocan, no sólo con nosotros sino con nuestro entorno, con nuestros seres de luz, que son los que nos guían y protegen en todo momento.

 Todos ocupamos una posición importante en este universo, un rol en este mundo, por lo tanto no debemos batallar por tomar la posición de otros, reconozcamos los diferentes roles que interpretamos y no lo mezclemos ni aislemos, eso hará que nuestra vida empiece a ordenarse  y por ende nuestra posición ante la existencia.

Con Amor, Paz, Unión

El Comprender y El Entender

Buscando convertir mis defectos en virtudes

Desde pequeño y a medida que uno va creciendo va buscando respuestas sobre la vida, en lo personal tuve muchos problemas para adaptarme a un mundo tan caótico y a la vez lleno de bendiciones,  como en el que nos encontramos actualmente.

Cuando era niño no comprendí algunas cosas que sucedían. Nunca fui de tener muchos amigos y no porque no quería, sino porque por mi barrio solo vivían personas mayores y mis amigos vivían lejos de mi casa. Yo vivía con mi abuela, mi hermano y mi madre. Y siendo el hijo menor de padres separados, en ese momento no comprendía porque no estaban juntos, pero comencé por entenderlo poco a poco.

No fui el mejor alumno en el colegio, y me esforzaba por estar con los amigos más “divertidos”. Yo no comprendía porque ellos maltrataban a los demás con apodos hirientes, pero pensaba que para ser parte del grupo de los “famosos” tenías que comportarte como una persona opuesta a lo que yo buscaba ser. Aunque claro, “lo que yo buscaba ser” lo fui entendiendo con el tiempo hasta que llegue a comprenderlo.

Tanto en la escuela como en mis estudios superiores pude encontrarme con los llamados “educadores”, “maestros” o “profesores”. Ellos pensaban que forzando a los alumnos a realizar cosas que no deseaban de alguna manera los estaban ayudando. Creían que era la manera correcta de hacerles comprender y es todo lo contrario.

Un verdadero Maestro es el que te va a ayudar a comprender la importancia de estar presente en esta nueva vida y el por qué de ella. Ayudarnos a comprender qué es lo que estamos haciendo y qué podemos generar con todo ello.

Me hice adulto y llevaba aún muchas cosas sin comprender, pero con muchas ganas de tratar por todos los medios a mi alcance de crecer sobre las virtudes que fui cultivando. Fui comprendiendo cada vez más muchos aspectos de mi vida, incluyendo la separación de mis padres cuando yo era niño.

Después de un largo caminar buscando a Dios lo encontré, en el lugar que no pensé que lo podía encontrar. Y ese lugar era dentro de mi propio corazón. No sabía que estaba allí esperando a que yo escuchara sus palabras llenas de sabiduría latiendo al compás de mi corazón. Poco a poco he comenzado a encontrar un equilibrio para conseguir convertirme en un ser más humilde y con cada día más ganas de ayudar a los demás. Buscando convertir mis defectos en virtudes y mirando a la humanidad con Amor.

Siempre he sido un apasionado del Universo, cada nuevo descubrimiento que se hace estoy atento, siempre buscando conseguir más información que me permita conocer más acerca de nuestros orígenes.

Quiero comentarles que la vida en estas dimensiones no es fácil, pero tampoco es difícil amar a los demás y comprender que están ahí por nosotros. Cada día tenemos que renovar y fortalecernos en lo que creemos. Y ponerle una gran sonrisa a las vicisitudes que se nos presentan. Y siempre agradecer al Creador por esta nueva oportunidad de vida.

Considero una maravilla conocer el Universo a través de la Fe en el Creador y le agradezco el haberme enseñado a mirarme y sentir que existo. Esta experiencia es más de lo que alguna vez me hubiera podido imaginar.

Mi ser está lleno de palabras para que todos aquellos jóvenes que leen este artículo se identifiquen con mis palabras y hoy a tiempo tomen el camino que los conducirá a poder comprender, es decir, a hacer propio lo que se entiende y por tanto actuar de manera consecuente con ello.

Que la palabra de nuestro Creador esté siempre presente en sus corazones para que caminen juntos y dispuestos a escuchar la palabra que él tiene para cada uno por la eternidad.

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